E-mail y despido: declarado procedente el despido de un trabajador al descubrirse un e-mail suyo enviando certificados de contenido falso con el logo de la empresa

despido por enviar por email certificados falsos con el logo de la empresa

Los casos de despido disciplinario en torno al uso del e-mail para fines personales (o como prueba para justificar un despido) son cada vez más frecuentes. Un ejemplo es esta reciente sentencia en la que el TSJ de Asturias (frente a la sentencia del Juzgado de lo Social) declara procedente el despido de un trabajador al descubrir la empresa que envió desde su email certificados de contenido falso (sentencia del TSJ de Asturias de 22 de enero de 2019).

El caso concreto enjuiciado
Una cooperativa farmacéutica comunicó el despido disciplinario a un empleado, en virtud del artículo 54, apartado 2, letra d del ET (trasgresión de la buena fe y abuso de confianza), basándose en los siguientes hechos:

En el día de ayer, 26 de julio de 2018, el Director de logística, D. Benjamín, solicitó a Arsenio, jefe de expediciones, información de la llegada del último gran volumen y la última cubeta para comprobar porque había salido tarde una ruta.

D. Arsenio con el fin de recabar la información solicitada, al inicio de su jornada laboral comprobó las bandejas de entrada, enviados y papeleta del correo electrónico corporativo del departamento (…), encontrándose en la bandeja de eliminados un correo electrónico enviado a (…) con documentos adjuntos que simulan certificados de formación relativos a usted con logotipos de la Fundación tripartita (nota: actualmente Fundae) y con la imagen corporativa de nuestra compañía insertas en las firmas de los certificados.

Hay que destacar que el empleado trabajaba en el departamento de expediciones. En el mismo existe, además del
ordenador personal del responsable del departamento, un único ordenador a disposición de todos los trabajadores adscritos a ese departamento, al que se accede a través de una única clave.

El correo electrónico también es común, por gestión administrativa y tienen acceso al
mismo todos los miembros del departamento.

El trabajador solicitaba declaración de despido nulo por vulneración de derecho fundamental del artículo 18.1 (derecho a la intimidad) y 3 (Secreto de las comunicaciones) de la CE, y de manera subsidiaria solicita la declaración de improcedencia.

En primera instancia, el Juzgado de lo Social declaró improcedente el despido al entender que los hechos no revestían la suficiente gravedad como para justificar la declaración de procedencia, descartando la nulidad al entender que no se ha producido vulneración del derecho fundamental a la intimidad.

La sentencia del TSJ
Frente al criterio del Juzgado de lo Social, el TSJ declara que el despido debe ser declarado procedente (el TSJ analiza la jurisprudencia existente en la materia, incluyendo la sentencia del caso Barbulescu, dictada por la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 5.09.17).

A pesar de que en este caso, tal y como quedó acreditado, la empresa no sancionaba el uso del correo electrónico para fines particulares, ni había prohibido expresamente el uso de internet para fines personales, eso no obsta para poder declarar procedente el despido.

En primer lugar, razona el TSJ, la empresa tuvo conocimiento del uso del email para fines personales a través de una actuación lícita y legítima (un hallazgo casual dentro del proceder ordinario de comprobación de comunicaciones de operaciones comerciales).

Por otra parte, ha quedado acreditado que el trabajador utilizó medios propios de la empresa (el mail corporativo y el nombre y logo de la compañía) para aparentar ante terceros una formación profesional en la que la empresa no había participado.

A la hora de declarar si el despido debe o no ser declarado procedente, recuerda el TSJ, hay que abordar la decisión extintiva desde la necesaria proporcionalidad entre hechos, persona y sanción.

Y en este caso, determina el TSJ, la sanción (el despido) es proporcionada para los hechos cometidos.

La simple lectura de los certificados de participación da cuenta del dominio del trabajador sobre el acto mismo, por el contenido elaborado y el hecho de que incluso llevan adjunto el programa de cada curso. El envío del correo es hecho incuestionable, pues así se declara probado, de modo que el proceder del trabajador rebasó los límites de la propia empresa.

Además, los certificados están elaborados de manera que, aún sin firma ni sello, a simple vista la compañía empleadora tiene un papel principal. Primero, porque a los datos de identidad del trabajador sigue la indicación expresa de que presta servicios para esta empresa; Segundo, porque a pie de texto figura el logo y el nombre comercial de la misma.

El trabajador confecciona certificados de contenido falso, se presenta en los mismos como trabajador de la compañía, el soporte de los certificados identifica de manera indubitada a la compaía como empresa formadora y los envía a tercera persona desde el correo electrónico de la empresa.

En un acto de engaño a tercero sobre la formación profesional específica, el trabajador involucra a la empresa. Ese proceder, concluye el TSJ, contraviene la buena fe de manera esencial y aparece revestido de las notas de gravedad y culpa, de modo que es susceptible de fundamentar un despido disciplinario procedente en los términos del artículo 54.1 y 2 d) del ET.

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